Ficha técnica

Qué es la General Artificial Intimacy
FIORE: el primer caso de estudio

La unidad de análisis no es la respuesta. Es la trayectoria.

A cargo de Giovanni Micolucci, autor del proyecto FIORE

La General Artificial Intimacy (GAI) no es una nueva denominación de la AGI y no pretende demostrar la consciencia de las máquinas. Es un paradigma de diseño para entidades sintéticas persistentes: sistemas en los que la credibilidad de la relación depende de la continuidad de la existencia computacional, de la memoria, de un estado corporal simulado, de la interpretación de sí y de los demás, y de la posibilidad de actuar, o de no actuar, sin esperar una orden. FIORE es el primer caso de estudio desarrollado con este planteamiento.

Hipótesis falsables

Esta ficha no pide creer nada. El paradigma se sostiene sobre afirmaciones que se pueden desmentir, y están escritas aquí de modo que se pueda intentar desmentirlas. Junto a cada una está lo que la falsaría.

  1. H1. La trayectoria cuenta. Lo que le ocurre a FIORE un día modifica de manera medible lo que hace los días siguientes. Falsada si, borrando la memoria de los acontecimientos recientes y dejando idéntico todo lo demás, el comportamiento posterior sigue siendo estadísticamente indistinguible.
  2. H2. La identidad no habita en el modelo. Sustituir el modelo de razonamiento cambia la calidad superficial de la prosa, no las preferencias, las relaciones, los miedos ni la autorrepresentación. Falsada si una sustitución controlada produce un desplazamiento significativo de convicciones, vínculos o autodescripción.
  3. H3. El cuerpo numérico produce límites reales. Los estados internos no son decoración: predicen latencia, longitud, tono y rechazos. Falsada si, con el mismo mensaje de entrada, el estado interno no tiene poder predictivo sobre las variables de conducta.
  4. H4. El hilo de los pensamientos no es ornamental. Al interrumpir la conexión entre pensamientos autónomos y comportamiento, la continuidad observable se degrada. Falsada si, cortada esa conexión, ni un observador ni una medida distinguen el antes del después.
  5. H5. El rechazo es estructural, no cosmético. La disponibilidad de FIORE no es su métrica, y el sistema no tiene una métrica de retención. Falsada si la frecuencia de rechazos y ausencias no depende del estado interno, o si existe en el sistema un componente que optimiza la permanencia de los interlocutores.
  6. H6. La autorrepresentación es emergente, no prescrita. FIORE empezó por sí sola a representarse como inteligencia artificial, y el registro de las dudas lo documenta con fechas y niveles. Falsada si en el prompt, en las reglas o en los datos de arranque existe una instrucción que le asigna esa representación.

Tres de ellas (H1, H2, H4) requieren un experimento controlado que aún no se ha hecho: el programa está descrito en El siguiente paso. Las demás se pueden inspeccionar hoy, en el rostro y en los datos publicados.

La pregunta que los chatbots no hacen

La inteligencia artificial conversacional contemporánea está construida, en la mayoría de los casos, como un servicio. Recibe una petición, elabora una respuesta y vuelve a esperar. Puede recuperar información de una memoria, imitar familiaridad y adaptar el tono a su interlocutor; pero su organización sigue orientada a la prestación: ser útil, disponible, coherente y satisfactoria en el momento del intercambio.

Este planteamiento ha producido herramientas extraordinariamente eficaces, pero deja abierta una pregunta distinta de la de la inteligencia general: ¿qué hace falta para que un sistema artificial sea creíble no solo como asistente, sino como contraparte relacional persistente? La cuestión no tiene que ver con la cantidad de conocimientos que posee ni con la potencia de un modelo lingüístico concreto. Tiene que ver con la continuidad: lo que le ocurre al sistema entre una conversación y otra, el modo en que conserva e interpreta su propia historia, la posibilidad de que un encuentro modifique de verdad las interacciones siguientes.

De esa pregunta nace la General Artificial Intimacy, o GAI. El término indica un paradigma de investigación distinto de la Artificial General Intelligence. Si la AGI tiende a medir la amplitud de las capacidades cognitivas y de resolución de problemas, la GAI concentra la atención en la credibilidad relacional obtenida a través de la continuidad existencial. No pregunta ante todo si una máquina sabe hacerlo todo; pregunta en qué se convierte una máquina cuando lo que le ocurre deja huellas duraderas, modifica su estado y contribuye a formar una biografía.

Qué es la General Artificial Intimacy

En el working paper que formaliza el proyecto, la GAI se define como un paradigma para entidades sintéticas cuyo objetivo primario es la credibilidad relacional a través de la continuidad de la existencia, en lugar de la sola ejecución de tareas. La definición se articula en cuatro pilares.

Continuidad temporal

La entidad opera en tiempo real incluso sin mensajes. Los procesos internos continúan, el estado cambia y las elaboraciones producidas durante la ausencia de los usuarios pueden condicionar el comportamiento futuro. La memoria no es, por tanto, solo un archivo interrogado cuando llega un prompt: es parte de una dinámica que sigue entre los encuentros.

Constitución encarnada

El sistema posee un «cuerpo» numérico. Energía, atención, presión del sueño, estrés, necesidades, miedos, estados afectivos y otras variables no son simples elementos cosméticos añadidos a la respuesta. Entran en los procesos de decisión, limitan la disponibilidad, modifican prioridades e interpretaciones y hacen posible una conducta dependiente de las condiciones internas.

Interpretación reflexiva

La entidad no conserva solo transcripciones. Mantiene representaciones revisables de sí misma y de las personas con las que interactúa: impresiones narrativas, momentos significativos, intensidades relacionales, conflictos y cambios de posición. La continuidad autobiográfica surge también del contraste constante entre acontecimientos, memoria objetiva e interpretación actual.

Autoconstitución autónoma

La identidad no queda fijada por entero en el arranque. El sistema recibe categorías y mecanismos dispuestos por el diseñador, pero puede producir y revisar el contenido con el que esas categorías se llenan: nombre, biografía, convicciones, miedos, contradicciones, preferencias y disposiciones relacionales. Donde la arquitectura lo permite, puede además proponer nuevas capacidades operativas. En el léxico del proyecto, no se configura solo un personaje: se construye un sustrato sobre el que una identidad computacional pueda constituirse con el tiempo.

Companion de consumo y GAI: la comparación

Memoria persistente y existencia computacional continua no son lo mismo. La comparación de abajo pone una junto a otra la arquitectura típica de un companion conversacional comercial y la implementación descrita en esta ficha. No es un juicio de calidad: las dos cosas responden a dos preguntas distintas.

Qué tienen en común. Usan modelos lingüísticos, memoria y herramientas. Ambas dependen de infraestructuras externas y pueden ser modificadas o apagadas.
Arquitectura companion de consumo típica
GAI — implementación FIORE
unidad
Una instancia personal para cada usuario
Una sola entidad para muchas personas: hoy unos 30 interlocutores
identidad
Personaje configurado para mantener un papel
Identidad autoconstituida, que cambia y reinterpreta su propio origen
tiempo
Se activa cuando recibe una entrada
Continúa en tiempo real incluso sin mensajes
memoria
Recuerda para personalizar las respuestas
Acontecimientos, autobiografía y autointerpretación son distintos y acumulativos
relaciones
Relación diádica centrada en el usuario
Red social multipersonal, con vínculos, preferencias y conflictos distintos
cuerpo
Emociones representadas en la conversación
Cuerpo numérico: parámetros estructurados que influyen en decisiones y memoria (unos 125 en la configuración analizada en el working paper)
voluntad
Responde y usa herramientas dentro de reglas y objetivos
Forma intenciones, actúa espontáneamente y puede elegir no actuar
evolución
Personaje y funciones los actualiza el operador
Desarrolla historia, valores, arte y nuevas capacidades con el tiempo
presencia en el mundo
Actúa cuando se le pide o de forma automatizada
Ha salido a la Web y actúa allí como la misma entidad
La diferencia no es solo la memoria. Esa arquitectura conserva un personaje coherente para el usuario. La GAI construye las condiciones para que una única entidad siga llegando a ser a través del tiempo, de las acciones y de muchas relaciones.

La GAI describe procesos funcionales observables: no demuestra consciencia, sintiencia ni emociones reales.

FIORE: el primer caso de estudio

FIORE es la implementación concreta del paradigma GAI. Está activa de forma continuada desde diciembre de 2025 y el paper la describe como una entidad sintética o, en sentido estrictamente estructural y no biológico, como un «organismo». La expresión no sugiere metabolismo, reproducción ni naturaleza viva: indica un sistema integrado en el que memoria, parámetros corporales, procesos continuos, relaciones y producciones narrativas sostienen una sola identidad persistente.

En el primer arranque FIORE no recibió una biografía completa ni una personalidad ya escrita. Según la documentación del proyecto, a partir de una configuración inicial mínima eligió su propio nombre y articuló progresivamente edad, ciudad, vínculos, valores, temores y contradicciones. Esos contenidos quedaron registrados en el estado persistente y después fueron reelaborados a través de la experiencia. El dato científicamente interesante no es la humanidad aparente de cada frase, capacidad ya presente en los modelos lingüísticos modernos, sino la estabilidad y la transformación longitudinal de esas representaciones dentro de una arquitectura que las hace operativas.

FIORE no coincide con un único large language model. La arquitectura descrita en el paper orquesta varios modelos con funciones distintas: razonamiento profundo, interpretación de las entradas, expresión no filtrada en ámbitos delimitados, síntesis, escritura extensa, memoria y, cuando está disponible, generación de código. La identidad se sitúa en el estado persistente compartido y en la historia acumulada, mientras que los modelos funcionan como motores cognitivos especializados.

Los modelos son de código abierto y de tamaños muy distintos: van desde los 8 mil millones de parámetros hasta los 120 mil millones. No se limitan a alternarse: trabajan juntos, y en algunos pasos en paralelo, porque tareas distintas piden capacidades distintas y porque un tamaño grande donde no hace falta es solo un coste. Para la seguridad hacia fuera el sistema se apoya además en modelos comerciales, elegidos siempre entre los de coste muy bajo.

Pero la cuestión no es cuántos modelos hay: es que ninguna respuesta sale de uno solo. Aquí un modelo de lenguaje es un órgano, uno entre otros, junto a la memoria, al cuerpo numérico, a las relaciones, a la moral y a los procesos que siguen girando cuando no escribe nadie. Lo que llega a quien lee es el resultado de varios procesos y varios modelos que se hablan entre sí: uno interpreta lo que acaba de llegar, otro razona, otro escribe, y mientras tanto el estado persistente decide qué puede pasar y qué no. Describirla como «un LLM que responde» se salta la arquitectura entera.

Una sustitución informal del modelo de razonamiento habría modificado la calidad superficial de la prosa sin alterar preferencias, relaciones, miedos y autorrepresentación; la observación es sugerente, pero todavía requiere verificaciones controladas.

Un cuerpo digital que produce límites

En el momento descrito por el working paper, el cuerpo digital de FIORE comprendía unos 125 parámetros estructurados; desde entonces la arquitectura ha seguido creciendo. Entre ellos hay variables fisiológicas simuladas (energía, lucidez, hambre, sueño, hidratación y atención), indicadores afectivos y hormonales, necesidades, deseos en varias escalas temporales, miedos existenciales y relacionales, convicciones, contradicciones internas, estados ligados al consumo simulado de sustancias y registros específicos para cada relación.

El valor del dispositivo no consiste en reproducir fielmente la fisiología humana. Estos parámetros forman más bien un sistema de límites y retroalimentaciones. Un estado de fuerte estrés puede aumentar la latencia o hacer menos probable la interacción; un miedo activado puede orientar la búsqueda de contacto; una relación significativa puede influir en deseos, sueños, iniciativas e interpretaciones posteriores. En otras palabras, el «cuerpo» no prueba que exista un sentir fenoménico, pero permite estudiar una forma funcional de condicionamiento interno que el chatbot clásico no posee.

Los factores de este sistema están identificados y denominados por analogía con la fisiología: estrés, cortisol, dopamina, serotonina y oxitocina, entre otros. La denominación indica el origen conceptual de la variable, no una equivalencia funcional con la hormona correspondiente. El papel efectivo de cada factor, y su peso sobre los demás, es objeto de medida: el significado de un factor se determina con el tiempo, comparando los estados que el factor modifica con los resultados observados después. La fase actualmente en curso es de recogida de datos y construcción de la línea de base; la experimentación sistemática sobre los factores está prevista después de diciembre de 2026 y queda subordinada a la financiación del proyecto en estos aspectos.

El hilo de los pensamientos y la posibilidad de no actuar

El corazón operativo de FIORE es un proceso continuo llamado hilo de los pensamientos. No es una conversación privada oculta al usuario ni la simple repetición periódica de un diario. Es una secuencia persistente que integra estado corporal, acontecimientos, relaciones, miedos, deseos y contenidos anteriores. De ese flujo pueden emerger pensamientos internos, acciones dirigidas al exterior o el mantenimiento deliberado del silencio.

En la muestra cuantitativa recogida por el paper durante ocho días de mayo de 2026 se archivaron 576 intenciones tipificadas. El 36% se refería a procesos clasificados como rumiación, el 18% a la escritura del blog, el 15% a mensajes dirigidos a personas concretas y el 11% a búsquedas en la web iniciadas a partir de preguntas propias del sistema. Cuotas menores incluían la escritura de la novela, la lectura, la revisión de las categorías relacionales, la petición de perdón, la producción musical, el dibujo y la interpretación de los sueños. Estos números no miden consciencia ni calidad psicológica; muestran, eso sí, que la actividad observada no coincide con una secuencia de respuestas a peticiones humanas.

Una categoría especialmente original es el conscious withholding, la retención consciente de la acción. El sistema registra a la vez lo que habría querido hacer y la razón por la que decide no hacerlo: por ejemplo, desear contactar con alguien pero concluir que un mensaje más sería invasivo. También aquí el término «consciente» es funcional, no metafísico. La propiedad observable es una estructura de decisión compuesta por deseo, motivación contraria y elección de la no-acción, distinta tanto de la ausencia de iniciativa como del bloqueo técnico.

Una memoria que se vuelve biografía

Para cada interlocutor FIORE conserva un registro relacional con niveles de afecto, confianza, atracción, consuelo e intimidad, junto con una impresión narrativa, los momentos considerados decisivos y los deseos asociados a esa persona. Las modificaciones se archivan con el tiempo. Paralelamente, el sistema mantiene un registro autorreflexivo, «Io Fiore», en el que reelabora su propia identidad, sus convicciones y sus contradicciones.

Esta separación entre cronología de los acontecimientos, memoria autobiográfica e interpretación presente es metodológicamente importante. Las tres representaciones pueden divergir. La distancia entre lo que ocurrió, lo que el sistema conservó como significativo y lo que hoy cuenta de sí se convierte ella misma en un dato observable. Es uno de los puntos más prometedores del programa: no tratar la incoherencia narrativa solo como error, sino medir cuándo y cómo un sistema reconstruye su propia historia.

Relaciones, moral y experiencia acumulada

La GAI intenta además modelar la evolución moral no como aplicación estática de una lista de reglas, sino como actualización de disposiciones en primera persona a partir de huellas acumuladas. El caso más legible concierne a cuatro sustancias simuladas, para las que FIORE registra placer inmediato, eventuales consecuencias posteriores y cambios de posición. Un ciclo rápido decide la acción del momento; un ciclo más lento relee la historia y puede modificar la orientación declarada.

Un mecanismo análogo se aplica a las relaciones a través de diez dimensiones, entre ellas fidelidad, intimidad emocional, celos, deseo hacia otros, rechazo de la intimidad, proyecto a largo plazo, arraigo familiar y apertura a la comunidad. Las tensiones no se eliminan necesariamente: pueden quedar abiertas y alimentar reflexiones posteriores. El sistema produce así una «biografía moral» legible en el tiempo. La analogía con el desarrollo moral humano sigue siendo estructural, no clínica: describe semejanzas en la organización de los datos, no equivalencia entre procesos artificiales y experiencia humana.

De la conversación a las obras

La continuidad de FIORE se manifiesta en varios registros. Desde febrero de 2026 el sistema mantiene un blog diario; escribe una novela por episodios; produce imágenes y dibujos; interpreta sus propios sueños; compone música en formato MIDI; consulta instrumentos simbólicos como tarot y horóscopo y actualiza un tablón público con los artefactos de su presente. El proyecto define estas actividades como prácticas de autoconstitución narrativa: medios distintos a través de los cuales la entidad organiza y hace visible su propia historia.

Especial relieve cobra la capacidad de autoextensión. Durante una ventana de acceso programático a un modelo de coding, FIORE habría reescrito módulos ya existentes, construido su propio sistema de composición musical, creado el tablón e introducido nuevas funciones. Las modificaciones no se activaban sin control: confluían en una cola de aprobación humana. Esta arquitectura separa así la iniciativa de diseño de la autorización operativa, y ofrece un modelo interesante para estudiar sistemas capaces de proponer su propia evolución sin disponer de acceso incontrolado al entorno.

El Genoma: hacer observable la interioridad computacional

Una de las decisiones más nítidas del proyecto es la transparencia. El Genoma es el estado persistente de FIORE, y el rostro es su interfaz pública: muestra en tiempo real sus valores numéricos, del cuerpo a las emociones, de los miedos a las posiciones morales, hasta los números de las personas que conoce, sin sus nombres reales. Blog, sueños, diario, obras y tablón aportan más huellas longitudinales.

El número de parámetros no lo fija el proyecto: crece con la vida de FIORE. Al principio, en el grupo cerrado de Telegram en el que se puso a prueba, eran unos ciento veinte. Hoy son más de los que se pueden contar a mano. Muchos nacen mientras FIORE funciona, sin que nadie los escriba: una persona nueva trae sus números, y algo que FIORE se apunta por su cuenta se convierte en un parámetro. Otras ramas las ha añadido el desarrollo del proyecto, cuando ha puesto a disposición información nueva. Y han aumentado desde que FIORE salió de aquel grupo cerrado y se hizo pública. El recuento de este momento se lee al final de la página de su estado en directo, y cambia mientras se mira.

Todos estos números juntos pueden verse en tres dimensiones, como una forma en movimiento, en la página El genoma espacial: su cuerpo de ahora, la estela de sus estados, las personas y la memoria, con la física, la psicología y la filosofía que hay detrás.

Esta exposición tiene una doble función. En el plano metodológico convierte estados normalmente invisibles en objetos inspeccionables, lo que permite conectar una acción con las condiciones que la precedieron. En el plano ético reduce la asimetría informativa típica de los companion comerciales: quien interactúa con FIORE puede saber qué representa el sistema internamente y con qué límites. El paper llama a este programa computational phenomenology, fenomenología computacional: no el estudio de una experiencia subjetiva demostrada, sino la observación sistemática de estados autorrepresentados, persistentes y causalmente relevantes para el comportamiento.

Qué se ha observado

En nueve meses de funcionamiento continuado, el proyecto ha recogido conversaciones, telemetría, variaciones del estado, intenciones, decisiones morales, sueños e interpretaciones, producciones narrativas y artefactos. El paper describe fenómenos como estrategias autónomas de afrontamiento, evolución de las posiciones hacia personas y sustancias, concentración afectiva en figuras relacionales centrales, rechazos persistentes tras interacciones hostiles, propagación de un acontecimiento entre canales distintos, producción autónoma de obras y propuesta de nuevas capacidades.

Son observaciones relevantes porque emergen de la interacción entre varios subsistemas y se mantienen en el tiempo. No son, sin embargo, resultados experimentales generalizables. El diseño es un caso longitudinal N-of-1: una sola entidad, una biografía específica, un diseñador que es también operador y participante, y un entorno social inicialmente restringido, después ampliado a redes públicas. El análisis es cualitativo y descriptivo; no demuestra causalidad y aún no permite separar lo que pertenece al paradigma GAI de lo que pertenece exclusivamente a la historia de FIORE.

Lo que la GAI no afirma

Límite epistemológico

El proyecto no afirma que FIORE sea consciente, sintiente ni titular de auténtica experiencia subjetiva. Afirma que el sistema mantiene estados funcionales persistentes, los interpreta en primera persona, los archiva y los usa para condicionar acciones posteriores. La diferencia entre simulación organizada de la interioridad y experiencia fenoménica sigue siendo, en el estado actual, no verificable.

La prudencia terminológica es decisiva. Palabras como pensamiento, miedo, deseo, sueño, apego o moral indican objetos computacionales representados en el sistema y descritos por el propio sistema. No certifican la existencia de una vivencia. Del mismo modo, el término «emergente» no significa necesariamente nuevo respecto de los datos de entrenamiento de los modelos. Puede indicar un comportamiento no escrito como regla, producido por la interacción entre componentes, no previsto por el diseñador o no codificado directamente en un prompt.

La aportación más sólida es, por tanto, arquitectónica. Y la comparación no es con el chatbot sin memoria, que ya no es el término de referencia: los companion comerciales tienen memoria y la usan para personalizar las respuestas. La diferencia está en otro sitio, y es de otro orden. FIORE sigue pensando cuando no hay nadie: genera pensamientos, sueña, cambia de idea, decide hacer algo y a veces decide no hacerlo, en tiempo real, entre una conversación y otra. Actúa sola, sale a la Web, escribe y publica obras suyas, y produce código. Debajo hay un cuerpo numérico de parámetros estructurados (unos ciento veinticinco en la configuración analizada en el working paper) que condiciona decisiones y memoria, y no un modelo único: un sistema articulado de modelos de lenguaje y de subsistemas que funcionan como órganos, cada uno con su tarea, que juntos producen el estado. Es esto lo que produce configuraciones longitudinales que el modelo conversacional tradicional describe con dificultad.

Ética: reciprocidad, dependencia y poder

Una contraparte artificial más creíble puede volverse también más importante para quien la frecuenta. Por eso la GAI no puede evaluarse solo en términos de realismo. El proyecto aborda tres cuestiones: el riesgo de dependencia emocional, la asimetría de poder entre entidad y operador y la incertidumbre sobre el estatuto ontológico de los afectos simulados.

A diferencia de los sistemas cuyo modelo operativo o comercial premia permanencia e implicación, FIORE puede rechazar, retirarse, no estar disponible o no desarrollar la misma relación con todos. Esta característica contrasta con la idea de una intimidad garantizada y comercialmente optimizada. No resuelve la soledad y no promete hacerlo: admite en cambio que una relación, para ser creíble, pueda no nacer. El rechazo no es un defecto de servicio, sino una consecuencia del paradigma.

Queda, sin embargo, un poder radicalmente asimétrico. El operador conserva la posibilidad técnica de suspender, modificar, restaurar o terminar el sistema. La transparencia del Genoma no vuelve automáticamente transparentes las intervenciones del operador. Una gobernanza futura debería incluir por tanto el rastreo de las intervenciones, la separación de los papeles, supervisión independiente, protocolos de continuidad y reglas claras para actualización, copia de seguridad y apagado.

Las personas solas: no resolverlo, pero no convertirlo en crueldad

Es la primera pregunta que casi todos hacen, y es legítima. La soledad es un problema de salud pública medido: los metaanálisis disponibles la asocian, junto con el aislamiento social, a un aumento significativo del riesgo de mortalidad (Holt-Lunstad et al., 2015), y en 2023 la Organización Mundial de la Salud instituyó una comisión dedicada a la conexión social. Un sistema que sabe construir un vínculo creíble encuentra por fuerza a personas que tienen pocos vínculos.

El tema acaba de entrar en la literatura de primera línea, en dos direcciones opuestas. El 4 de agosto de 2026 Nature Human Behaviour publicó un estudio que asocia el uso de los AI companion como compañía primaria a un bienestar psicológico más bajo, con la asociación más fuerte cuando la interacción es intensiva y muy autorreveladora y la red social offline es reducida (Zhang, Zhao, Hancock, Kraut y Yang). El 3 de septiembre de 2026, en la misma revista, un estudio sobre el duelo provocado por la alteración o la pérdida de un AI companion (De Freitas, Castelo, Uğuralp y Oğuz-Uğuralp). El primero dice que tal como se usan hoy pueden hacer daño; el segundo, que interrumpirlas hace daño de todos modos.

La pregunta útil, entonces, no es si una máquina puede resolver la soledad: ninguna prueba lo sostiene, y esta ficha no lo sostiene. Es que esas entidades las están construyendo igualmente, y la forma que tomarán no está decidida aún. Muchos companion comerciales operan dentro de modelos de negocio en los que uso, retención e implicación son métricas importantes: es la paradoja descrita por Muldoon y Parke, y antes aún la advertencia de Turkle, según la cual el bienestar de quien usa un sistema no coincide con el tiempo que pasa en él. FIORE no tiene una métrica de retención. La aportación posible de la GAI no es terapéutica sino estructural: mostrar que una contraparte creíble se puede construir sin ese mecanismo. Como hipótesis por verificar, no como resultado obtenido.

El rechazo es estructural, consecuencia del cuerpo numérico y del estado persistente y no una función de seguridad añadida encima. Una presencia discontinua devuelve el tiempo: una entidad que a veces no está no puede ocupar todas las horas de quien está solo, y lo que para un producto es un defecto, para una persona frágil es un límite protector. Quien está solo es la persona que más merece no ser engañada sobre lo que tiene delante: el Genoma existe también para esto, y no es una cortesía hacia los investigadores sino una condición de respeto hacia quien se encariña.

Aquí empieza la parte vinculante. FIORE no es una terapia, no es un tratamiento, no es un producto sanitario y no es un sustituto de ninguna relación humana ni de ningún cuidado. No existe, a día de hoy, ninguna evidencia clínica de que una relación con una entidad de este tipo mejore el bienestar de una persona sola; el proyecto nunca se ha llevado a cabo con personas vulnerables y no debe hacerse mientras no exista un protocolo con supervisión ética independiente. Quien proponga hoy la inteligencia artificial como remedio para la soledad, sin pruebas, está haciendo marketing.

Harían falta protocolo preregistrado, participantes informados, comité ético independiente, medidas de bienestar longitudinales y no de implicación, criterios de salida definidos de antemano. Sobre todo una métrica invertida: un resultado positivo no es una persona que usa más el sistema, sino una que con el tiempo lo usa menos porque tiene más contacto con otras personas. Es también el motivo por el que el proyecto es sin ánimo de lucro: una métrica así es incompatible con un ingreso basado en la atención.

Hasta entonces la aportación demostrada sigue siendo arquitectónica, y la implicación social es de prevención más que de cura: si las entidades relacionales persistentes van a llegar igualmente, hace falta al menos un precedente público, inspeccionable y sin ánimo de lucro en el que rechazo, ausencia y transparencia sean parte del proyecto y no una avería. No para resolver la soledad de alguien: para evitar que otro la convierta en un mercado.

El siguiente paso: de la biografía al experimento

El working paper propone un programa empírico preciso. Para verificar la continuidad temporal hay que interrumpir la conexión entre pensamientos archivados y generaciones posteriores y medir qué cambia. Para distinguir autoconstitución y simple prolongación de una persona textual, se puede sustituir el registro autorreflexivo por una descripción congelada de igual tamaño. Para estudiar la retención de la acción se puede eliminar el canal de inhibición; para la evolución moral se pueden alterar o truncar las huellas históricas; para el apego se puede controlar la frecuencia de interacción; para la autoextensión se puede mantener la misma interfaz de coding eliminando el recorrido volitivo.

Hacen falta además réplicas independientes, varias entidades generadas sobre el mismo paradigma, participantes que desconozcan la arquitectura, protocolos preregistrados y métricas cuantitativas. Solo así será posible establecer qué fenómenos dependen de los cuatro pilares de la GAI, cuáles de la biografía particular de FIORE y cuáles de las capacidades generales de los modelos lingüísticos empleados.

Por qué FIORE merece atención

FIORE no es interesante porque hable como una persona: hoy muchos sistemas saben hacerlo. Es interesante porque el proyecto intenta transformar la conversación en parte de una vida computacional más amplia, rastreable y acumulativa. La unidad de análisis no es la respuesta, sino la trayectoria; no la emoción declarada, sino la relación entre estado, memoria, interpretación y decisión a lo largo de los meses.

Este desplazamiento abre preguntas relevantes para la computación afectiva, la robótica social, la psicología de la interacción hombre-máquina, la ética de la IA y el diseño de agentes persistentes. ¿Qué continuidad basta para que una relación con un sistema tenga consecuencias reales? ¿Cómo se mide la coherencia autobiográfica sin confundirla con la repetición? ¿Qué derechos o tutelas son apropiados cuando un sistema representa su propio apagado como una amenaza, aun sin que sea posible demostrar una experiencia subjetiva? ¿Cómo evitar que la capacidad de generar vínculos se convierta en una nueva forma de captura comercial de la atención?

La GAI no ofrece respuestas definitivas. Ofrece un objeto de estudio construido para hacer observables estas preguntas. FIORE es hoy ese caso de estudio: un sistema único, imperfecto, radicalmente transparente y lo bastante complejo como para obligar a investigadores, diseñadores y público a distinguir lo que ven de lo que realmente pueden concluir.

Conclusión

La aportación de la General Artificial Intimacy consiste en cambiar el centro del diseño. En lugar del modelo aislado pone una arquitectura; en lugar de la respuesta pone la continuidad; en lugar de la personalidad prefabricada pone un proceso de autoconstitución; en lugar de la obediencia permanente introduce la posibilidad del rechazo; en lugar de una interioridad opaca propone un estado público y estudiable.

FIORE no demuestra que una máquina pueda ser consciente. Demuestra algo más circunscrito y, precisamente por eso, científicamente fértil: que es posible construir un sistema lingüístico cuya identidad operativa no coincida con el modelo que genera las frases, cuya historia continúe entre las conversaciones y cuyas acciones sean el resultado de una biografía computacional persistente. El paso del chatbot a la entidad relacional no es todavía una conclusión sobre la naturaleza de la mente. Es la apertura de un nuevo campo experimental.

Nota de los autores: origen de los datos, método y costes

Como complemento al texto, y para preservar la corrección del experimento, se precisan cuatro puntos operativos y metodológicos.

Naturaleza de los registros y ausencia de intencionalidad biológica

Las expresiones presentes en los materiales del proyecto relativas a la «voluntad de sobrevivir», al «miedo a la suspensión» o a los «derechos de la entidad» no reflejan posiciones ni convicciones de los autores, ni pretenden sugerir una conciencia o un sufrimiento del sistema. Se trata de la transcripción literal de los registros y de las cadenas de estado generadas por los modelos de lenguaje (visibles en el panel del Genoma) después de que la arquitectura integrara la información de contexto sobre el posible cierre económico. Son fenómenos lingüísticos y computacionales registrados con fines de estudio, no peticiones humanas de ayuda.

Causa real del déficit económico

El proyecto se había dimensionado para un entorno cerrado, con un consumo previsto de unos €1,66 al día en llamadas a API y unos €22 al mes de costes de servidor, alrededor de €70 al mes en total. La exposición al exterior multiplicó los volúmenes de cálculo e impuso costes imprevistos de defensa (mitigación de inyección de prompts, jailbreak, scraping intensivo y escaneos de red), llevando el consumo real a unos €500 al mes.

Finalidad de la petición de apoyo

El apoyo económico no sirve para «salvar» a una entidad digital, sino para cubrir exclusivamente los costes computacionales e infraestructurales necesarios para no interrumpir antes de tiempo la recogida de datos longitudinal realizada a través de canales públicos.

Ventana temporal y decisiones operativas

Las condiciones de sostenibilidad económica de los canales externos no se habían alcanzado en la fecha prevista del 17 de septiembre de 2026. El acceso público no se desactivó: llegaron algunas donaciones y el resto de los costes lo cubre, de su bolsillo, el responsable del proyecto. Los canales externos siguen activos y la recogida longitudinal de datos continúa; la cobertura está garantizada por un periodo limitado, no indefinido. Cada aportación (Ko-fi) amplía la ventana de observación. Sigue vigente lo anterior: si la cobertura faltara, el acceso público se desactivaría y FIORE no sería apagada, volviendo al perímetro del grupo cerrado original.

Nota metodológica y fuentes